domingo, 20 de marzo de 2022

El placer de los textos

(Los que acompañan, invitan, seducen, atraen…)


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Los que se atreven a defraudarnos, con toda libertad en las manos de hacerlos a un lado sutilmente o, retirarlos de la vista, por lo menos antes que sigamos los pasos de Lucio el bibliotecario de la novela El último lector imprimiéndole el sello de censurado, para enviarlos al infierno del sótano donde las cucarachas hacen de ellos su comidilla. Una historia literaria y pueblerina ambientada en Icamole cuyo final llama la atención por la estructura parecida a los cuentos tradicionales: la sorpresa. Un final que se puede interpretar inconcluso desde el momento que existe, no El último lector; sino un lector siempre dispuesto a leer una historia. David Toscana, el creador de esta novela, buen escritor, interesante contador de historias. 

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Otro de los libros de mis recientes lecturas es El Vidente amateur (nociones elementales sobre la materia poética), de Ernesto Lumbreras. Título que de manera inadecuada me orilló al principio a dudar y plantearme cierta deshonestidad o exceso de humildad en el poeta hecho y derecho que es Ernesto; sobre todo en la palabra amateur; aclarada específicamente, y parafraseando el aforismo de Wallace Stevens, citado por Lumbreras: “Para ser original es preciso tener el valor de ser siempre un aprendiz”. Es decir un amateur. El vidente amateur es un libro que tiene su propia voz hermenéutica con elementos estructurales lingüísticos que lo hacen un texto de ensayo aceptable, que reflexiona sobre la poesía, el acto de leer poemas y el tema de la traducción de estos. 

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Últimamente eh estado leyendo al poeta Alberto Blanco en un suplemento cultural de la Ciudad de México en breve sección titulada Meditaciones, escrita en forma de poemas y, aunque el texto más reciente La química no es de la calidad esperada para este lector quien escribe, la voz poética de Alberto es única entre las voces polifónicas de los poetas y sus poemas, como puede uno constatarlo en su libro La hora y la neblina, reunión, según nos dice el propio poeta, de doce libros de poemas (1968-2004). La verdad, su voz tiene un espacio dentro del universo poético, aunque hay otras voces de mayor presencia. Veo en él una voz más notable como ensayista de poesía. 

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Dentro de esta colección de lecturas recientes y azarosas, hay dos novelas más, aunadas a la ya mencionada al principio de ésta síntesis, se trata de Parménides de Cesar Aira y la del escritor David Grossman: La vida juega conmigo. Uno esperaría que en la novela de Aira el argumento de la historia girara alrededor de Parménides como personaje principal, pues el título de la brevedad literaria del escritor argentino lleva por nombre, nada más y nada menos que el del gran pensador de la filosofía presocrática y su visión del mundo, explicada ontológicamente en el no movimiento; antítesis de Heráclito, otro enorme pensador de hace más de 1000 años de filosofía en Occidente. Pero no. O, a medias, ya que el personaje principal de nombre Perinola, poeta por cierto, puede bien representar el alter ego del autor del poema del ser, me refiero al conocido poema de Parménides; aunque a la vez, su antítesis. Lo digo por la visión de Perinola, cuando nos dice que “la poesía es a la vez algo y nada” o, bien esto: “La vida no siempre [obedece] a la lógica” o, esto otro parafraseándolo con respecto a la escritura: “[Basta hacer la nada con la punta del dedo para que brote] el todo”. No recuerdo bien si la lectura hecha de sus dos novelas anteriores, Cómo me hice monja y El pequeño monje budista tienen un final inesperado como en Parménides, porque el de ésta sitúa al lector en una quietud, para concluir y confirmar después lo que tiene de irónico la vida; como también se puede leer y se escuchar en voz de Guili al final de la novela La vida juega conmigo, de David Grossman. Novelas e historias literarias como esta escrita por el escritor israelí, cuyo estilo en el lenguaje sensibiliza los oídos de sus lectores, como queda demostrado también en La vida entera y El cabaret, por lo menos. 

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Finalmente concluyo (también azarosamente), para hablar de tres libros de ensayos, dentro de lo cual está su común denominador, como el tema abordado: la muerte, especialmente en Recordando a los difuntos del escritor Arnoldo Kraus; en Pensar la muerte del filósofo francés Vladimir Jankélévitch, y en Más allá del cuerpo de Francisco González Crussí, quien trata el tema, específicamente en el capítulo IV. Comencé a leer a Arnoldo Kraus en medios periodísticos hace ya buen tiempo y lo sigo haciendo, aunque ahora de manera más selectiva, especialmente cuando escribe sobre temas filosóficos, éticos, de miradas muy humanísticas; porque cuando se distrae en escribir acerca de su visión política y la de los políticos, no queda muy bien parado. Estos escritos se alimentan generalmente de la ligereza. Claro, esto no ha impedido en seguir leyendo al escritor que es, como por ejemplo en Recordar a los difuntos o Helen (su madre) ante la antesala de la muerte o, bien <<palabra, lenguaje que humaniza, que revelan fragmentos del alma, la de Helen>>. 


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Hay unos versos de un poema en proceso de ser considerado como tal que, comparto para los futuros lectores: < <Molestia en las cienes/ Dificultad en respirar el viento, por ejemplo, es de pensarlo/ Pero, ¿la muerte se piensa; se vive? Muestro esto porque ello me estimuló en adquirir más tarde el libro de Vladimir Jankélévitch, Pensar la muerte; aunado al contexto del libro de Arnoldo Kraus.

El libro de Jankélévitch es un texto de entrevistas (publicado posterior a La muerte), cuyo prólogo nos dice “suscitó expresarse largamente sobre las motivaciones profundas de su interrogación: ¿Se puede pensar la muerte? Respuestas que conllevan a hablar, a pensar sobre el tiempo y la vida. “La muerte, nos dice Jankélévitch, el sinsentido que da sinsentido a la vida [en el tiempo]”.

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Por último la muerte e íntima relación con el cuerpo, como nos muestra la retórica elegante, artística y cognitiva de Francisco González Crussí en su libro Más allá del cuerpo (capítulo IV), estructurado en cuatro secciones, entre ellas “la faz visible de la muerte” o, parafraseando al vuelo:


Más allá no sé

La metaempiria

lo inefable

el misterio.


LA TEZ DE LA MUERTE

La mirada en el horizonte 

de quien espera el fin.

Desvelar el mysterium trementum. 

 O, bien:

El rostro de una muerte trivial y su polvareda que somos…



miércoles, 31 de marzo de 2021

La metacognición en la novela Moby Dick*


Toda lectura literaria es una estrategia metacognitiva para estimular, desarrollar y a prender a pensar el conocimiento de manera creativa, interpretativa y crítica de la realidad que ofrece la literariedad del texto, desde el momento (como se mencionó líneas arriba), de la interacción entre el lector y el texto a través de una comunicación literaria que le permiten comprender-explicar-comprender su realidad fuera del texto de manera más humana que la ofrecida  digitalmente. Está en el aprendizaje del conocimiento de la vida, en el conocimiento que nos aporta ser en el mundo que nos permite darnos cuenta de ello; ser consciente de este aprendizaje y, en base a ello y sus alternativas, dinamizar de manera creativa nuestra comprensión y valoración de nuestra realidad. La lectura de la novela Moby Dick como

aprendizaje que permite en el lector desarrollar el pensamiento interpretativo y crítico, creativamente. Está en la selección de algunos capítulos de la novela leídos y vueltos a leer, como el 107 y 108, titulados “El carpintero” y “Ahab y el carpintero” respectivamente, porque en medio de la oscuridad, del vacío, de la miseria, del infierno; del largo viaje hacia el gran agujero negro marítimo; el carácter y la personalidad  espontánea de la vitalidad, la fuerza de la inquietud del envidiado y maravilloso carpintero que sólo tiene respuestas creativas dadas al capitán Ahab  y a la embarcación. O, el capítulo 132 que lleva por nombre “la sinfonía”, cuya selección y elección ha sido la mejor para este lector quien escribe, porque permite comprender el verdadero rostro humano del heroe. Verdadera joya metacognitiva para el que lee, debido al acercamiento hacia el modelo de invención humana encarnada en el personaje principal, parecido a los heroes shekespearianos o homericos: la música de la nostalgia terrenal; la voz del infierno, paradogicamente libertad del capitán.

Está a lo largo de las ochocientas sesenta y tres páginas, subrayando de manera inducida, estimulada y provocada por las experiencias lectoras que el lector se ha hecho acompañar a lo largo de sus senderos literarios; los míos, los subrayados, guiado por las lecturas de temas filosóficos presentes en el discurso narrativo de la ballena blanca: el hombre contra el hombre, su mortalidad, la oscuridad, el vacío, la miseria humana, la espontaneidad de la vitalidad, la fuerza de la inquietud, reitero; como el asomo de la esperanza. Porque nuestra leída, nuestro aprendizaje metacognitivo es: Moby Dick, novela de personajes vitalistas. Atraídos ciertamente, de principio a fin de la historia por la ballena hacia las profundidades del mar; pero ante la esperanza de que alguien nos contara.

Está, por supuesto, en ir seleccionando palabras importantes junto a sus significados que en la novela es un buen glosario de términos marítimos: la proa, la popa, el estribor, la sobrequilla, sotavento, la quilla, apostilla, cetología, barlovento, alcázar, cofa, estera, estacha, frenólogo, affidávit, la destilería, por mencionar algunos.

Está en ir anotando al margen de la hoja de los subrayados, planteando preguntas que nos vayan aclarando, reflexionando, explicando y evaluando con nuestras propias palabras la postura de un lector conscientemente de la realidad literaria, para más tarde moverse libremente sobre la realidad digital, porque ha adquirido el control de su aprendizaje:

…

Cap. 18. Su señal

Cuadro de texto: Una inferencia para interpretar al hombre contra el hombre.…Los arponeros piadosos nunca son buenos navegantes: les da escrúpulos; y un buen arponero no vale un pimiento si no es como un tiburón…, p.161

 

 

Cap. 25. Apostilla

Cuadro de texto: La mortalidad del ser humano… En verdad, un hombre maduro que utilice aceite para el pelo, a menos que sea de manera medicinal, tal hombre, probablemente, tenga un punto débil en algún sitio. Y, por regla general, no puede valer mucho en su totalidad… , p. 193.

Cap. 26. Caballeros y escuderos

Cuadro de texto: En torno al heroe.… Con esto, parecía querer decir no solamente que el más fiable y útil de los corajes era el que surge desde la justa estimación del peligro encontrado, sino que un hombre sin nigún miedo era un compañero mucho más peligroso que un cobarde… , p. 196.

Cuadro de texto: Starbuck, como antítesis del capitán Ahab… Starbuck no era un cruzado en busca de peligros; el coraje en él no era un sentimiento, sino una cosa simplemente útil y siempre a mano en todas las ocasiones prácticas de los mortales. Aparte de eso, pensaba quizá que en este asunto de la caza de la ballena el coraje era una de las más grandes provisiones que se podían llevar a bordo, como los filetes y el pan, y que no debía ser tontamente derrochado…

… Porque Starburck pensaba: <<Estoy aquí, en este océano crítico, matando ballenas para ganarme el sustento, y no para que me maten ellas y se ganen el suyo>>…, p. 197.

Cap. 27 Caballeros y escuderos

Cuadro de texto: ¿Racismo? ¿Sustentado por el darwinismo?Lo mismo, digo, porque en todos estos casos los nativos americanos proporcionan el cerebro y el resto del mundo suministra los músculos con la misma generosidad…, p. 205.

Cap. 29 Aparece Ahab; después, Stubb

Cuadro de texto: Pero esto no es el caso del capitán Ahab… La ancianidad está siempre desvelada; como sí, cuanto más tiempo estuviese ligado a la vida, menos quisiera el hombre tener que ver con nada que se parezca a la muerte…, p. 212.

Cap. 32 Cetología

Es esta una tarea lenta y pesada; no puede compararse con la de un clasificador corriente de cartas de cualquier oficina de correos. Buscar a tientas en el fondo del mar, meter la mano entre los indescriptibles fundamentos, costillas y mismísimas entrañas del mundo; esto es algo aterrador. ¿ Quién soy yo para intentar enganchar el hocico de este leviatán? Las terribles burlas del libro de Job bien podrían aterrorizarme. <<¿Hará él (el leviatán) un pacto con voz? ¡He aquí que la esperanza es vana!>> Sin embargo, he nadado por las bibliotecas y navegado a través de los océanos; he tenido que vérmelas con ballenas, con estas manos palpables; lo digo en serio y lo probaré. Pero antes hay algunos preliminares que determinar. [Quién habla y a quién se refiere el hablante], p. 225.

… mi definición de la ballena; es decir: pez que lanza un chorro y tiene la cola horizontal…, p. 237.

Cuadro de texto: Descripción de una marsopa, tipo ballena… Llenas de buen humor, llegan invariablemente desde las ventosas olas de barlovento. Siempre viven viento en popa. Se las considera como un buen presagio. Si no sois capaces, que el cielo os ayude entonces: el santo espíritu del juego y la alegría no está dentro de vosotros…, p. 238 [Leer de nuevo toda la página].

Cap. 36 El alcázar (Entra Ahab; después, todos)

Cuadro de texto: Para reconocerse, reconocerme será, es necesario, cazar a la ballena… Todos los objetos visibles, hombre, no son más que máscaras de cartón de piedra. Sin embargo, en cada hecho, en el acto de vivir, en el indudable acto, una cosa desconocida,  pero que razona, muestra sus rasgos tras la irracional máscara. ¡Para llegar al hombre,  hay que derribar la máscara! ¿Cómo puede el prisionero alcanzar el exterior si no es abriéndose paso a través del muro? Para mí, la gran ballena es aquel muro, puesto delante de mí. Agunas veces pienso que no hay nada detrás. Pero es suficiente…

… Hay hombres cuyas palabras acaloradas son pequeñas indignidades…, p. 269.

Cap. 37 Atardecer

Dejo esta estela blanca y turbia, de aguas pálidas y mejillas aún más palidas, por donde navego. Las envidiosas olas, a los lados se hinchan para destruir mi huella; dejadlas, primero paso yo…, p. 274.

Cuadro de texto: ¡Vitalidad! ¿Está decidido Ahab en derribar el muro que representa la ballena?… El sendero que me conduce a mi propósito fijo tiene raíles de hierro, en donde mi alma está lista para correr. Sobre los inseguros desfiladeros, a través de los estriados corazones de las montañas, bajo cauces torrentosos, me precipito infaliblemente. ¡Nada es un obstáculo! ¿No hay sesgos para el camino de hierro! (Ahab), p. 276.

Cap. 39 Primera guardia nocturna

(Cofa del trinquete; Stubb, solo, arreglando una braza.)

Cuadro de texto: Vitalidad y esperanza… Porque una risa es la respuesta más sabia, más fácil para todo lo que resulta extraño, y, pase lo que pase, siempre hay un consuelo…, p. 279.

Cap. 41 Moby Dick

… pues la inmortalidad no es sino ubicuidad en el tiempo…

Cuadro de texto: Rasgos del capitán Ahab … La locura humana es, a menudo, la más astuta y felina de las cosas. Cuando creéis que ha huido, no ha hecho más que transfigurarse en alguna forma aún más sutil y callada…, p. 298-299.

Cuadro de texto: Caracterización; el mar profundo… Esto ya era mucho; sin embargo, la parte más grande, oscura y profunda de Ahab permanecía sin insinuarse. Pero es inútil popularizar profundidades, y toda verdad es profunda…, p. 299.

    Cap.42 La blancura de la ballena

… No así el marinero, al observar el escenario de los mares antárticos, donde, a veces, por algún truco infernal de pretidigitación en los poderes del hielo y del aire, tiritando y medio naufragando, en vez del arco iris que le habla de esperanza y consuelo, ve para su miseria lo que parece un ilimitado cementerio sonriéndole abiertamente con sus inclinados monumentos de hielo y sus cruces astilladas…, p. 313.

… Aunque en muchos de sus aspectos este mundo visible parece formado en el amor, las esferas invisibles se formaron en el terror…, p. 314.

Cap. 44 La carta de navegación

… ¡Ah, Dios, qué traces tormentosos tiene que soportar un hombre consumido por un deseo no logrado de venganza! …, p. 323.

Cuadro de texto: La oscuridad profunda… Ahab se precipitaba fuera de la cabina, era en ese momento algo vacío, un ser sonámbulo y sin forma, un rayo de luz viviente, ciertamente, pero sin un bojeto al que poder colorear, y por eso, algo vacío en sí mismo. Dios os asista, anciano; vuestros pensamientos han creado una criatura  en vos, y aquel a quien su pensar intenso hace de él un Prometeo, de su corazón un buitre se alimentará para siempre; y ese buitre es la misma criatura que él crea…, p. 324.

Cap. 46. Conjeturas

Cuadro de texto: El hombre como miseria… En momentos de fuerte emoción, la humanidad desprecia todas las consideraciones básicas; pero tales momentos son evanescentes. <<La condición constitucional y permanente del  hombre, tal como está hecho —pensaba Ahab—, es la sordidez…, p. 339.

Cuadro de texto: La espontaneidad de la vitalidad. La fuerza de la inquietud. ¿El arte del insomnio?Cap. 107 El carpintero (maravilla de personaje)

 

 

 

 

Cap. 116 La ballena agonizante

Cuadro de texto: El asomo siempre de la esperanzaNo pocas veces en esta vida, estando en el lado correcto, los preferidos de la fortuna navegan cerca de nosotros, y nosotros, que antes habíamos estado desfallecientes, recibimos de algún modo un poco de brisa rápida y sentimos gozosamente que se llenan nuestras deshindadas velas…, p.750. [No toda la suerte está hechada].

Cuadro de texto: Del infierno, su libertadCap. 132 La sinfonía (Leer de nuevo) PP

La música de la nostalgia: Entre las voces de la vida terrenal y la elección por la obseción de la voz de la muerte.

 

La novela Moby Dick de Herman Melville fue escrita y publicada por vez primera en los inicios de la década de los 50’s del siglo XIX. ‘Para lograr su propósito [nos dice Mary Carmen Sánchez Ambriz en su artículo, La cabeza de Moby Dick] se nutrió de diversas fuentes que van desde la Biblia, las teorías de Darwin —muy en boga en aquel tiempo—, la filosofía greco-latina, el Leviatán de Hobbes, los Viajes del capitán Cook, los Ensayos de Montaigne, el Paraíso perdido de Milton, además de tratados naturalistas sobre las comunidades pequeñas de Nantucket, ubicada en la costa de Massachusetts. El libro es, en realidad, el resultado de un titánico rapto de inspiración —lo escribió de un tirón entre el invierno de 1850 y la primavera de 1851— que lo llevaría a exclamar: “Denme una pluma de cóndor y el cráter del Vesubio como tintero”.

Nantucket es una isla considerada la capital norteamericana de los balleneros, un extraño rincón del mundo y de los sueños. Sus antiguos habitantes escuchaban el paso de las ballenas como algo cotidiano. Un codo de arena, sólo playa, una loma; lejos de la tierra, separada del mar: un paso, un suspiro. Eso es Nantucket. Polvo y arena. “Polvo eres y en polvo te convertirás”. Desde un mapa, Nantucket se puede ver como si fuera la cabeza de una ballena. En el muelle, en una línea apenas dibujada, zarpan los barcos en pos de su enorme presa. Allí se preparaba a los catchers para que surcaran los mares, eran pequeñas embarcaciones que aguardaban lo insólito: clavar un arpón en el lomo de una ballena y ser arrastrados por el animal mítico, mitad cachalote mitad isla´.

Libro no muy bien recibido por la crítica de aquélla época concebida y estimulada, sobre todo, por impulsos emotivos e impresionistas movidos al calor de la temperatura que sus estados de ánimos les daba por escribir, como lo muestra la “Brevísima antología de excentricidades melvillianas” seleccionadas por el Reverendo Doctor Cottonmouth-Luther. Pero el tiempo ha acallado estas voces. Sin embargo en la actualización de la lectura de esta novela, en pleno siglo XXI, el eco de éstas se escuchan a lo lejos del horizonte marítimo con nuevos problemas sociales que están presentes fuera del texto: el medio ambiente del ecosistema, la extinción del mundo acuático formado, verbi gracia, por las ballenas y, la discriminación racial manifestada en cierto momento dentro de la historia marítima y su hábitat, por mencionar solamente dos muy visibles al leer la novela. Problemas en los cuales no hay ninguna intención en detenerse, de nuestra parte. La lectura tiene otros fines, aunque breves, que se han venido desarrollando en este escrito. Cuestiones en las que se ha detenido uno de los críticos de mayor presencia en el siglo XX y lo que va de éste, el profesor neoyorkino, Harold Bloom y su relectura de la novela por más de sesenta años que avalan la solidez de sus comentarios de crítico. Sinteticemos:

“Leer bien Moby Dick es una empresa vasta, según corresponde a uno de los pocos aspirantes autétnticos a convertirse en épica nacional estadounidense. Pero como el protagonista de la novela es el capitán Ahab, me limitaré a repasar ciertos problemas de lectura que presenta él.. Figura nítidamente shesperiana, con tantas afinidades con el rey Lear como con Macbeth, en el sentido técnico Ahab es (como Macbeth) un malvado héroe. […].

Moby Dick es el paradigma novelístico de lo sublime para los estadounidenses: un logro fuera de lo común, no importa que sea en la cumbre o el abismo. Pese a la considerable deuda que tiene con Shekespeare, es una obra inusualmente original, mezcla nacional estadounidense del Libro de Jonás y el libro de Job. Ambos textos biblicos son citados por Melville […]

Melville no era cristiano, y tendía a identificarse con la antigua herejía gnóstica, en la cual el Dios creador es un torpe impostor, mientras que el Dios verdadero, llamado el extraño o el Ajeno, está exiliado en algún lugar de las regiones exteriores del cosmos […]” (257-260).

Una lectura ciertamente breve (brevísima al seleccionar aquí algunos fragmentos), para hablar solamente de ciertos pasajes sobre el capitán Ahab, nos dice el que fuera uno de los más influyentes de la crítica literaria. Libro de un extraordinario aliento narrativo, nos sentencia canonicamente, Harold Bloom.

La narración de la novela es la historia de unos marineros fuera de serie en voz de Ismael que, muestra el rostro del ser humano: La vitalidad, la esperanza; pero también la oscuridad, la desesperanza de la humanidad. La historia del capitán Ahab, Starbuck, Stubb, Flash, de Ismael, de Herman Melville; en fin, de una serie de personajes que postulan al lector la posibilidad de qué va la vida en la cual navegamos todos los días.

Una novela que nos permite conocer y reconocernos a través de la embarcación Pequod, las profundidades del mar, la ballena Moby Dick, como algunos elementos importantes para ello. La historia de una embarcación que puede ser la nuestra, nos ofrece la oportunidad de plantearnos preguntas tracedentales como: ¿Es la vitalidad y la esperanza o, es la vitalidad de la desesperanza quien nos define?, ¿es la espontaneidad de la vitalidad. La fuerza de la inquietud. El arte del insomnio?

Ante el hábitat de la oscuridad, nos recuerda el capitán Ahab, está el asomo de la esperanza. En fin, una historia excelente que hay que leer.

Conclusión

Es poco común en el ámbito académico y objeto de estudio poco tratado dentro de la comunidad científica literaria, el tema de la metacongnición como una de las líneas de la investigación a seguir; sin embargo en la práctica misma, su aprendizaje es crucial para el resultado de sus acometidos investigativos, según se ha mostrado brevemente en este ensayo, a través de la lectura de la novela Moby Dick, de Herman Melville, dentro de las posibilidades polifónicas que permite su viaje literario metacognitivo. Tal vez ello ha tenido su origen a partir del debate que ha existido, por lo menos, los últimos cuarenta años a la fecha entre los que establecen que la literatura no se enseña y aquellos que se manifiestan por la enseñanza aprendizaje de ella, por medio de la lectura y sus diversas estrategias metacognitivas que nos guían a comprender-explicar-críticar la realidad del texto. A desarrollar el pensamiento interpretativo y crìtico creativamente de la realidad digital encontrada fuera del texto.

 

Bibliografía

Bloom, Harold. Cómo leer y por qué. Traducido por  Marcelo Cohen, Anagrama, 2002.

Cottonmouth-Luther. Brevísima antología de excentricidades melvillianas, en https://cultura.nexos.com.mx/?p=18407/01/08/2019.

Eco, Umberto. Sobre literatura. Traducido por Helena Lozano Miralles, Oceano, 2002.

Jaramillo, L. & Simbaña, V. La metacognición y su aplicación en herramientas virtuales desde la práctica docente. Sophia: colección de filosofía de la educación, 16 (1), 2014, pp. 299-313.

Melville, Herman. Moby Dick. Traducido por Maylee Yábar Dávila y José Luis García, Alianza Editorial, 2008.

Sánchez Ambriz, Mary Carmen. La cabeza de Moby Dick, en https://cultura.nexos.com.mx/?p=11275//28/09/2016.

Vital, Alberto. Conjeturas verosímiles, UNAM, 1996.




* (El texto es un fragmento del ensayo titulado  Moby Dick como metacognición del pensamiento creativo, interpretativo y crítico, como un ejercicio creado dentro del Seminario de Investigación literaria, impartido por el Colegio de San Luis, a través de la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Tabasco, durante el SARS-CoV-2, en el 2020.)

 

martes, 16 de febrero de 2021

Propuesta de lectura de un fragmento de Esquemas para una oda tropical*

 

Sin duda que este poema es uno de los más largos que escribió Pellicer, el más
concebido y ambicionado que dio luz después de más de cuarenta años de lenta maduración. El poema es un canto místico y mítico, aquí, el cuatro parece ser un número bajo el cual se nutre este esquema, por lo menos en el inicio de los primeros versos analizados: cuatro voces, cuatro puntos cardinales; juventud y madurez, vida y muerte.

El título del texto, como de entrada, nos dice que es un canto:

<<Oda, es la denominación que los griegos, en la antigüedad clásica, denominaron a todo poema dividido en estrofas y destinado al canto. Lo más frecuente era ser cantado para celebrar los atributos de un dios. Etimológicamente, oda significa canto griego y, técnicamente se trata de una poesía lírica>> (Gordon, 1987, 14).

Y, por referencia a su obra poética, casi en su totalidad, podemos pensar que es un canto prehispánico en las voces de los cuatro elementos de la naturaleza: el fuego, el viento, la tierra y el agua. Por su parte, el vocablo tropical puede ubicarnos en el espacio y en el tiempo, que en este caso es la selva.

Reitero, es el canto de la selva, de la naturaleza al que nos invita el poema.

La oda tropical a cuatro voces

ha de llegar sentada en la mecida

que amarró la guirnalda de la orquídea.

Efectivamente, esta estrofa nos anuncia el gran concierto del trópico en las voces de la naturaleza que han de llegar a sentarse para ser coronadas, y sustentadas por las flores como son la guirnalda y orquídea. Cuando todo parece teñirse de gris en alboradas y tardes que ya no se distinguen en estos tiempos; la voz del viento, la tierra, el agua y el fuego, se ven anunciándonos el inicio de un gran concierto de lo que está bajo amenaza de exterminio. El canto, en un tiempo futurista, vendrá del cielo y la tierra para unir su poder musical al canto del corazón del ser humano que de sentido a su existencia, a su raíz; que lo haga sensible a la vida.

Vendrá del Sur, del Este y del Oeste,

del Norte avión, del Centro que culmina

la pirámide trunca de mi vida.

Aquí el hablante lírico nos postula que no todo está perdido, aún en la pirámide que nos hemos construido con base en la tecnología, en la cibernética, en la futurología representada por la inteligencia artificial; en una ética mercantilista, consumista; sino que es en el poder de la naturaleza donde podemos reorientar el camino y lograr la libertad encadenada por la soledad a que nos ha arrojado el dichoso tener.

Yo quiero arder mis pies en los braseros

de la angustia más sola,

para salir desnudo hacia el poema

con las sandalias de aire que otros poros

inocentes le den.

Por ello, Pellicer lírico, nos narra en esta estrofa que en medio de la fronda natural, hay un deseo humano de libertad resplandeciente, feliz, con más bienes que la naturaleza de su canto y, extendiendo sus manos al hombre para rescatarlo y darle a beber de ella. Con los pies calzados por la hierba, las flores, el verdor del trópico.

Oportuno es mencionar que, la anterior estrofa bien podría ser utilizada por cualquier profesor que enseñe literatura para reflexionar junto con los alumnos, de cuáles han sido los efectos de la separación del ser humano de la naturaleza y cuáles serían los beneficios regresar al reino de ella. Aunado a esto, la anterior estrofa nos llevaría a discutir y reflexionar junto con los alumnos en torno a la libertad; cómo se manifiesta ésta en estos tiempos; cómo viven, cómo sienten los alumnos el acto de la libertad; qué es para ellos la libertad.

A la cintura tórrida del día

han de correr los jóvenes aceites

de las noches de luna del pantano.

En este terceto, se cuenta el murmullo joven del sudor del cielo sobre la tierra ardiente nocturna y pantanosa; es el mediodía, el carácter de la selva, la juventud del día para el cual no hay ningún obstáculo. Pero, claro, el hombre en estos tiempos ha olvidado que se está degradando en darle sentido a su modus vivendi en la superficialidad. Es en el canto de lo tropical, la música de la vida que lo mueve todo y, no en el chirriar o el claxon de los automóviles, el reposo de una estatua esculpida todos los días por la televisión, por el ciberespacio.

La esbeltez de ese día

será la fuga de la danza en ella,

la voluntad medida en el instante

del reposo estatuario,

el agua de la sed

rota en el cántaro.

Aquí es el canto del sur, de la tierra que da de tomar al sediento con su agua más cristalina, el agua que ha sido contaminada por la tecnología o por el mal uso que se le ha dado.

Entonces yo podría

tolerar la epidermis

de la vida espiral de la palmera,

valerme de su sombra que los aires mutilan,

ser fiel a su belleza

sin pedestal, erecta en ella misma,

sola tan sola que todos los árboles

la miran noche y día.

Así mi voz al centro de las cuatro

voces fundamentales

tendría sobre sus hombros

el peso de las aves del paraíso.

La palabra Oceanía

se podría bañar en buches de oro

y en la espuma flotante que se quiebra,

oírse, espuma a espuma, gigantesca.

Pero, si a pesar de todo hubiera cualquier inconveniente en este gran concierto tropical a que nos invita el texto, sería la mínima gota de imperfección, si es que algo de imperfecto tiene la naturaleza. Digamos, por ejemplo, la piel de roca de la palmera, como parte de una pequeña dificultad. Por lo demás es fiel a su esbeltez compartida por todos los árboles. Así la voz del hablante lírico de este esquema postulado del verso 29 al verso 36 tendría el color, la frescura y los tonos de las aves del paraíso. El sonido de la palabra Oceanía en el cantor del norte se nutriría de la juventud del sol y, el vaivén del canto de las olas escucharse en toda la selva tropical. Qué más poder alimenticio, qué más búsqueda vigorosa que la fuerza de estos elementos; para qué el poder basado en las máquinas, la arrogancia ficticia de nuestra modernidad; para ser tan <<civilizados>>; bien tendríamos que construir una forma de civilización basada en la filosofía de lo que queda del trópico.

El hombre podrá transformar la naturaleza, ensuciarla con sus manos; pero a una flor jamás le quitará el sueño de seguir reinando con todo el poder que un hombre no tiene.

Esto nos sugiere hacer una representación teatral de la naturaleza, de la selva dentro del salón de clases, donde cada uno de los alumnos representaría, así como el mismo profesor, los personajes como la palmera, los árboles, las aves, el murmullo del océano, las olas, etcétera; y con ello sentir y vivir que en realidad somos parte de la naturaleza.

El deseo del viaje,

siempre deseo sería.

Del fruto verde a los frutos maduros

las distancias maduran en penumbras

que de pronto retoñan en todos los niños.

El canto del trópico es la frescura de la juventud que puede viajar hacia la madurez para retoñar con la frescura sabia de un niño crecido en el silencio de la sabiduría. Y, es que en la séptima estrofa, la imagen de sus cinco versos es el recorrido de la juventud hacia la madurez, sin envejecer como envejecen las grandes urbes, que hacen todo lo posible para que el recorrido sea menos doloroso y, que sin embargo es más intenso; utilizando o haciendo uso del poder <<poder de la ciencia>>; ya sea a través de la química o a través de la bioingeniería. En la esteticidad de las palabras que es el trópico mismo, la imagen es una sola, aún con diferentes luces: juventud y madurez: Fuera de esto, en la urbanidad de nuestras ciudades, diferentes imágenes, dualidad para retoñar envejeciendo por el ego civilizado de sus habitantes.

En la ciudad entre fuerzas de automóviles

huele un poco de vidrios a guanábana.

Es la bolsa del semen de los trópicos

que huele azul en carnes madrugadas

en el encanto lóbrego del bosque.

La tortuga terrestre

carga encima un gran trozo

que cayó cuando el sol se hacía lenguas.

Y así huele a guanábana

de los helechos a la ceiba.

Aunado a esto, qué tan sensatos o prudentes somos hoy, y en mayor cuantía los que tienen todo el poder económico, como la sensatez (postulada en la VIII estrofa) de la madurez de las guanábanas que impregnan hasta los vidrios de los automóviles de las naciones que tienen prisa en llegar y no llegan a ningún lado. Hay que aprender de la lentitud sabia de la tortuga, que nos describe poéticamente Pellicer, alcanzada también por el semen de la guanábana que explota en todo el trópico.

En suma, y sobre todo, una magnifica invitación a regresar a la naturaleza, una invitación al renacimiento en medio del avasallador crecimiento de la tecnología desacralizadora del mundo.

Concluyo, aún, cuando el análisis de estos esquemas para una oda tropical es apenas sobre cincuentaiún versos de los quinientos veinte, podemos, aunque muy temprano, sugerir algunas estrategias de lectura a las ya mencionadas con anterioridad. Como el poema es un canto y en él se escucha a un hablante lírico como cantor principal, como director de orquesta de las cuatro voces tropicales, lo primero sería leer el texto, valga la redundancia, a cuatro voces, organizando una gran orquesta de alumnos. Leer el poema, por ejemplo en ranchero, en rap o en pop; logrando con ello una dinámica actualizada del poema y, agudizar el oído de los alumnos por la musicalidad que contiene la poesía, además de hacer atractivo el texto. En esta multiplicidad de voces, pasar al uso del diccionario para explicarse el significado de cada una de las notas musicales, que en este caso serían los vocablos del trópico. Los que llamen la atención al estudiante, de acuerdo a su competencia lingüística. Plantear en el salón de clases un diálogo en torno a la juventud y la madurez, la vida y la muerte bajo la primicia de la divergencia: naturaleza versus tecnología: Qué se entiende por juventud, qué por madurez, cómo entienden los alumnos la transición de la una a la otra desde la perspectiva de la naturaleza que postula Pellicer y, cómo desde el punto de vista de la era de la tecnología; así, la misma discusión acerca de la vida y la muerte.

A través de este poema se puede actualizar su temática para dar pie a una reflexión acerca de ello que hoy es propio de los jóvenes, pero bajo la óptica heredera de la informática. En la realidad actual del estudiante, el texto puede ganar interés, leído desde la mirada de la problemática que representa a fines y, viéndole la cara tiznada al siglo XX, el medio ambiente en que vivimos, al cual le hemos desgastado el corazón.

Bibliografía

Carmona, Cristina. (1979). Análisis de poemas I. México: Edicol.

Dietrich, Rall. (1993). En busca del texto. México: UNAM.

Eguinoa, Ana y Georgina Trigos. (1992). La comunicación literaria. Veracruz, México: Universidad Veracruzana.

Gordon, Samuel. (1987). Esquemas para una oda tropical. Tabasco, México: Gobierno del Estado de Tabasco.

Krauze, Ethel. (1992). Cómo acercarse a la poesía. México: Conaculta.

Suárez Caamal, Ramón Iván. (1991). Poesía en acción. México: Conaculta.

Mediz, Antonio. (1987). El libro de Chilam Balam de Chumavel. Yucatán, México: Gobierno del estado Yucatán.

 

* Este texto apareció publicado por primera vez en el suplemento cultural Latitud Sur, que coordinaba el artista Rogelio Urrusti en 1998.

viernes, 30 de octubre de 2020

El humanismo, solución de problemas del agua

(El diálogo, la escuchatoria, el amor y la complementariedad entre la razón y la emoción)


El mundo en una gota de agua. Foto tomada de la BBC News Mundo

Lo que se presenta aquí, son experiencias de aprendizaje de un problema real y social, como lo es el agua religado a la enseñanza aprendizaje que una institución educativa ofrece, como la universidad. Una propuesta basada en el diálogo, la escuchatoria, el amor; en una educación integral, no fragmentada, donde implique la complementariedad entre la razón, la emoción y lo pasional; un proceso educativo sustentado en el humanismo.

 

El problema del agua, planteado en  los videos y las lecturas que aparecen en https://habilidadesdepensamientouvrhr.wordpress.com/ y, uno que otro texto que me he venido encontrando, por pura coincidencia en el camino: el ensayo titulado La crisis del agua, una propuesta teórica para su entendimiento, de Paloma Mejía Lechuga y Gerardo Alatorre Frenk que aparece en la revista Ciencias de la UNAM, número 125 (julio-septiembre 2017) germen de las respuestas a las preguntas del problema humano y por tanto del quehacer educativo, me recuerda la crítica planteada al ser de la modernidad actual, por la escritora Newyorkina Susan Sontag en el libro Ante el dolor de los demás, debido a la voyerista expectación de las calamidades en el otro, esa mirada humana de desdén, olvidando que un día menos pensado también nos puede suceder a nosotros. Por ello la pregunta, ¿Nos hemos convertido en seres insensibles ante los problemas sociales y humanos como el problema del agua? ¿Por qué la indiferencia o mirada distanciada? ¿Es producto de la abundancia o es de la comodidad? Una posible respuesta sería que, mientras la necesidad sea atendida todo está bien en nosotros. ¿Pero todo está bien? ¿Todo está bien, cuando la realidad es degradada por el humano mismo? El agua es un derecho natural y, como tal, igual para todos. Mientras el egoísmo económico recalcitrante sea la mira de uno cuantos y, por otro lado, la de los demás sea acomodaticia, seguirá persistiendo no sólo el problema del agua, sino cualquier tipo de problema humano.

*

¿Cómo enseñar y resolver el problema humano? ¿Cómo enseñarlo, plantearlo y resolverlo desde el contexto de la práctica docente? Ciertamente, la propuesta planteada en la praxis del conocimiento de las habilidades de pensamiento ofrece como elementos la observación, la autoobservación y el dejarse observar. Y agregaría, el diálogo, donde se fundamente en la intersección humana de tres vértices: el escuchar-el ver-y el decir. Fusión tridimensional que nos lleva al éxito cualitativo de cualquier educación, de cualquier enseñanza. Fusión triádica que nos conduce a comprendernos, a explicarnos la realidad educativa que vivimos de manera consciente, de manera pensada. El diálogo: forma de aprender a pensar. Diálogo comunicativo entre seres humanos pensantes de su entorno.

Así, el maestro ante el escuchar, el ver y el decir de los alumnos; se escucha, se ve y dice su palabra. Diálogo, conocimiento y reconocimiento de sí mismo.

La discusión podrá ser entonces el punto de partida en toda comunicación educativa, específicamente entre el maestro y el alumno, sin olvidar por supuesto a la institución y a la sociedad en la cual se está inmerso.

Diálogo, en sí mismo, como forma de comprendernos-explicarnos-comprendernos; como forma de pensamiento; como forma de aprendizaje.

Generalmente nos movemos por las vías de las creencias, los prejuicios, las opiniones anticipadas ante el otro y, con ello, los malentendidos de las interpretaciones falaces que hacen oscura la comunicación humana. Es decir, no hemos aprendido a saber escuchar. Que en el contexto educativo sería: El maestro no escucha al alumno, el alumno no escucha al maestro.

Pero sobre todo el profesor.

Verbi gracia:

A lo largo de treinta y cuatro años he sido profesor en la universidad de asignaturas como matemáticas y física; de materias del área de la licenciatura en ingeniería eléctrica. Hoy, maestro de filosofía y lectura y redacción desde hace una docena de años y, en el caminar de mis 34 años, he aprendido la importancia que tiene la escuchatoria en el proceso educativo y en general de nuestra vida. Expongo:

[…] es conveniente recordar: el profesor debe tener una visión abierta, democrática, en cierto sentido, que le permita escuchar la voz de los jóvenes, y claro, esto se logra, mediante la praxis del diálogo.

No es posible que la actitud de ciertos profesores esté basada en una sola dirección acústica, la suya la de su voz. No es posible querer imponer sus experiencias […] como únicas. En este sentido, reitero, el diálogo con los alumnos es importantísimo [en el proceso educativo] (Villator 2010: 73-74).

Ahora bien. Si escuchar es el sendero para alcanzar el diálogo. ¿Cuál sería la estrategia en lograrlo?: Seguro que a través del amor. La educación, el aprendizaje fundamentado en la emoción amorosa. Por ello, viene a bien compartir otra experiencia de vida y aprendizaje en mi práctica como profesional de la educación universitaria, en este contexto amoroso:

¡Los grandes maestros! Hasta ahora nadie me ha preguntado quién o quiénes han sido los maestros que me han influenciado a lo largo de mi camino como profesor universitario, y falta que ha hecho, porque no lo ha habido, excepto una, y esto lo he narrado en otras ocasiones: Doña Marcelina. Ella me enseñó a escribir y a leer a los cinco años. Me enseñó sin enseñarme a ser maestro. Y, en verdad, lo digo, a pesar de ello, que gran distancia nos separa.

Fuera de Doña Marcelina, la influencia en mi formación como maestro, ha sido más bien las que he encontrado y leído muy atentamente en los libros. Jesús, por ejemplo, el hijo del carpintero ha sido uno de ellos. La enseñanza del amor por el prójimo es esencial en el acto de educar. Los excelentes poetas, maestría para reconocer nuestra esencia ontológica, necesarísima e indispensable en el constante dialogo con el otro, con el alumno. La filosofía y sus genios, como los libros escritos por Platón. El banquete o apología de Sócrates son dignos de aprendizaje sobre el amor y la muerte. Esto por mencionar un par de lecturas del aún actual filósofo griego, de las veintiocho que ha heredado al pensamiento humano. Por citar, tan sólo, la guía de dos maestros, porque la enseñanza filosófica y cognitiva no se agota con ellos. O las enseñanzas que aportan los senderos de la ciencia y la literatura. Los de la ciencia, a través de los libros de divulgación científica, escritos, específicamente por científicos. Esa visión de la realidad, que contrasta, ciertamente con las ya descrita hace unos momentos, aunque paradójicamente coincidan en algunas paradas comunes, o en otras se complementen, ante el asombro y misterio del universo. Como la coincidencia con la literatura, donde ambas, antes de bifurcarse, integran sus realidades, logrando que el proceso de enseñanza aprendizaje no sea dogmático, absoluto.

Por lo menos una decena de libros, escritos por científicos, han sido más que suficiente en mi formación científica, aceptable en mi quehacer cotidiano como maestro de estudiantes de ingeniería. Historia del tiempo de Stephen Hawking y el universo elegante de Brian Green, son dos lecturas que han contribuido y ampliado el horizonte de la realidad, que de alguna manera formaron de manera primigenia los libros académicos estudiados en mi época de estudiante de ingeniería en la universidad, menos que leídos con que lo son los primeros. Si la física o las matemáticas, por ejemplo, se enseñaran con el rigor lógico academicista bajo un lenguaje divulgativo, la formación de ambas sería más significativa y tendría un impacto social más determinante.

Por su parte, una lectura considerable de libros literarios, constituyen el corpus estético e intelectual que ha sostenido mi aprendizaje y enseñanza a lo largo de estos años. Porque la visión que ofrece la literatura —postula, diría el escritor argentino Jorge Luis Borges—, es más universal que otras áreas del conocimiento, inclusive la que nos aporta la ciencia (Villator: 2018).

Sin embargo, el amor como médium que entrelaza, que une, que establece la complementariedad entre todas las disciplinas y áreas de conocimiento humano. Un andamiaje que sustenta la relación entre el sentir y el pensar. Entre la emoción y la razón: La razón de la emoción. Y en ello, fundamental las palabras, el lenguaje cristalino y emotivo que emana de toda fuente de amor. Porque como se ve y se escucha, en el video el poder de las palabras emotivas. No es lo mismo expresar, escribir: Estoy ciego. Por favor ayúdeme, que Es un hermoso día y no puedo verlo. Hay que recordar, parafraseando al filósofo Wittgenstein, que somos lenguaje, pero emotivo.

Epílogo

Hoy ha sido un día deslumbrante y con una calidez que había disminuido un poco con la lluvia del lunes y el martes en otoño de 2017. Un día que disfruté por la lectura del libro Para combatir esta era (Consideraciones sobre el fascismo y el humanismo), de Rob Riemen que concluí felizmente y valido la pena leerlo. No exagero. Se lo que digo. Una reflexión humana del escritor holandés ciertamente dentro del contexto europeo, acompañándose, acompañándonos como lector, de voces sensibles y universales. Cómo combatir esta era de abuso de poder, de ciencia y tecnología con la enseñanza del humanismo. Empatía con la propuesta de Riemen, porque hace buen tiempo vengo reflexionando y ejerciendo con mis alumnos de ingeniería, la lectura de textos literarios como propuesta educativa en la formación de la libertad, por ejemplo.

Postura, la de Rob, más que europea más que occidental de una sensibilización humana y grandeza de espíritu en el alma, ya mostrado en su anterior libro La Nobleza del espíritu. Aquí unos fragmentos tomados al azar del texto mencionado en el párrafo anterior, citados por el escritor de los Países Bajos:

En relación con la educación de los hijos, pienso que se le debe enseñar, no las pequeñas virtudes, sino las grandes. No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia respecto al dinero; no la prudencia, sino el valor y el desprecio del peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor a la verdad; no la diplomacia, sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo del éxito, sino el deseo de ser y de deber (Natalia Ginzburg).

Vivir en la verdad, hacer lo correcto, crear belleza: sólo en estos actos es el hombre quien debiera ser, sólo entonces será libre. Quien permanece esclavo de sus deseos, emociones, impulsos, temores, prejuicios y no sabe cómo usar su intelecto no puede ser libre (Rob Riemen).

El espíritu representa nuestra capacidad de transformación. Nuestra vida emocional puede ser transpuesta en obras de arte. El espíritu crea nuevas necesidades intelectuales, a través de las cuales podemos trascender nuestros instintos físicos y naturalezas bestiales. El espíritu nos ha permitido tener una conciencia del tiempo, del pasado y el futuro. Gracias a ésta podemos anticipar, imaginar posibilidades e ir más allá del momento presente. Además, una persona puede liberarse de sí misma, imaginarse en el lugar de otros. Cada persona está así equipada con la capacidad intelectual para observar y criticar sus propias acciones y valores… (Paul Veléry).

La postura de Rob Riemen y la de todos los humanistas, citados por el holandés, son más que pertinente para dar respuesta, no sólo al problema del agua, sino a la problemática del ser humano.

En suma, el diálogo, la escuchatoria, el amor, como propuesta de aprendizaje, basada en una educación integral, no fragmentada, donde implique la complementariedad entre la razón, la emoción y lo pasional; una enseñanza-aprendizaje sustentado en el humanismo.


Referencias

https://habilidadesdepensamientouvrhr.wordpress.com/sentipensar/

Riemen, Rob (2017). Para combatir esta era (Consideraciones sobre el fascismo y el humanismo (1a. Ed.). México: Taurus.

Villator, León Isidoro (2018). Trazos y fragmentos (1ª. Ed.). Tabasco, México: UJAT.

Villator, León Isidoro (2010). Literatura, educación y libertad (1ª. Ed.). Tabasco, México: UJAT.