lunes, 15 de mayo de 2023

Mínimo acercamiento a los grandes maestros


“Enseñar es siempre enseñar al que no sabe y quien no indaga, constata y deplora la ignorancia ajena no puede ser maestro; por mucho que sepa."                                                      

Fernando Savater.        

(El valor de educar)


HAROLD BLOOM. Maestro newyorkino, crítico literario e intelectual canónico. Vela que ilumina la voluntad y los anhelos de lectores, porque nos permite conocer a través de su propuesta de lectura literaria como forma introductoria, los difíciles placeres de la vida; porque, como en la poesía, éste nos permite mirar las cosas de manera trascendental, encontrarnos, y a veces descubrimos que somos más profundos y extraños de lo que creíamos. Porque la poesía (continuado con la voz del maestro Bloom) puede ayudarnos a hablar más plena y claramente con nosotros mismos, y a oír, como de pesada esa conversación. 

JESÚS (el hijo del carpintero). Maestro del amor, esencial en el acto de educar.

JORGE LUIS BORGES. Maestro de lenguaje magnético y seductor, que estructura su esfera literaria. Maestro de lenguaje culto, intelectual; con la hechura de la más alta finura de arte poético que todo poeta quisiera tejer. Magister del dibujo exacto y geométrico de lo que somos los humanos. Leer, por ejemplo, libros escritos en prosa como ficciones, el Aleph, otras inquisiciones, el libro de arenas, el poema suma, entre otros, es un gozo y un placer tener entre las manos esos mundos fundamentados en la aritmética del infinito para negar el tiempo, porque Dios lo es todo, y dejar en claro la constelación trazada del universo.

LA BIBLIA. Libro de origen hebreo, arameo y judío. Maestra, maestro universal en el conocimiento del mito de la creación del universo, las matemáticas, la problemática de la emigración, los fenómenos sociales, políticos históricos, geopolíticos, culturales, económicos, éticos, morales; la persistente violencia muy de nuestra humanidad y actualidad; la educación sensible y estética de la poesía, la filosofía.

LA BIBLIOTECA. Ciudad de los libros, de aventuras y prolongados viajes; odisea del conocimiento compartido donde se conoce a los grandes maestros.

LOS CIENTÍFICOS. Maestros de hombros gigantes sobres los cuales se amplifican los horizontes y clarifican los misterios del universo.

LOS FILÓSOFOS, como Platón y sus escritos. Dignos en la enseñanza sobre el amor y la muerte.

LOS POETAS. Maestros en el reconocimiento de la esencia ontológica, necesaria e indispensable en el constante dialogo con el otro.

MARCELINA VILLATOR. Vocación, pasión, responsabilidad, puntualidad, libertad de cátedra, o conocimiento de la profesión del maestro.

OCTAVIO PAZ. Excelente maestro, poeta y ensayista que, a partir de las lecturas de sus libros el lector recibe enseñanzas filosóficas, bajo el principio del intelectualismo y el criticismo. El primero, como forma de mediación del conocimiento humano que a lo largo de su existencia se ha movido en los extremos del racionalismo y el empirismo; el segundo, como forma de mediación de toda posibilidad de conocimiento, sólo que entre los extremos del dogmatismo y el escepticismo. Así sus textos poéticos como sus ensayos literarios sobre la poesía, el amor, el erotismo, el arte, la política, sobre la cultura; muestra el origen de una filosofía fuerte, que une, que fusiona, que es partidaria de la fraternidad entre el pensamiento y la experiencia. 

Los textos pazianos tienen un valor educativo implícito para formarse una actitud crítica frente al mundo, ante la pomposidad de la modernidad. Un valor, incluso en su pensamiento político, sustentado también por una posición intelectual y crítica, a pesar que en su etapa última su pensamiento mediador era solo en un sentido, con el de la derecha, con los llamados neoliberalitas. 

…

lunes, 12 de diciembre de 2022

Cuatro poemas*









&

Hay luciérnagas en la selva para buen rato

a pesar de no tener oídos ni ojos,

aunque cada día muera muy lentamente.


&

Para un hombre solo como yo,

la luna de octubre

las luciérnagas del lago

y la sutil partitura de las candelas

en la quietud de la selva.

Otro mundo, claro,

a la orilla de un camastro

bajo la luz mortecina que muere lentamente.

Otro mundo, claro,

bajo el concierto de los moribundos que cada vez se ahogan en la penumbra de las paredes.

Otro mundo

aunque el olor de la soledad es diferente.


&

Es tarde

hora de cerrar la última hoja amarillenta del libro

y tender el sombrero, la bufanda y el bastón

en el ramaje de la noche.


&

El optimismo de la vejez en las voces de quienes se resisten. Hay viejos —dicen— con la pesadez a cuesta; pero el rostro erguido. Viejos que en nada se parecen a ti, vejete.

(Pero mi madre me hace recordar que ciertamente la literatura es el mundo de lo posible, cuando habla de sus ganas de no seguir viviendo; porque la vejez —dice— es una vergüenza, un sin sentido, un absurdo entre lo absurdo que es el hombre.)

Digo nada, frente a esta queridísima y escéptica vieja.

Es mejor callar.

Callo.





* Poemas que forman parte de la última parte del libro "De este lado la ausencia de los barcos", publicado recientemente en este año 2022, por el Fondo Editorial de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco en 2022.

domingo, 20 de marzo de 2022

El placer de los textos

(Los que acompañan, invitan, seducen, atraen…)


*

Los que se atreven a defraudarnos, con toda libertad en las manos de hacerlos a un lado sutilmente o, retirarlos de la vista, por lo menos antes que sigamos los pasos de Lucio el bibliotecario de la novela El último lector imprimiéndole el sello de censurado, para enviarlos al infierno del sótano donde las cucarachas hacen de ellos su comidilla. Una historia literaria y pueblerina ambientada en Icamole cuyo final llama la atención por la estructura parecida a los cuentos tradicionales: la sorpresa. Un final que se puede interpretar inconcluso desde el momento que existe, no El último lector; sino un lector siempre dispuesto a leer una historia. David Toscana, el creador de esta novela, buen escritor, interesante contador de historias. 

* 

Otro de los libros de mis recientes lecturas es El Vidente amateur (nociones elementales sobre la materia poética), de Ernesto Lumbreras. Título que de manera inadecuada me orilló al principio a dudar y plantearme cierta deshonestidad o exceso de humildad en el poeta hecho y derecho que es Ernesto; sobre todo en la palabra amateur; aclarada específicamente, y parafraseando el aforismo de Wallace Stevens, citado por Lumbreras: “Para ser original es preciso tener el valor de ser siempre un aprendiz”. Es decir un amateur. El vidente amateur es un libro que tiene su propia voz hermenéutica con elementos estructurales lingüísticos que lo hacen un texto de ensayo aceptable, que reflexiona sobre la poesía, el acto de leer poemas y el tema de la traducción de estos. 

*

Últimamente eh estado leyendo al poeta Alberto Blanco en un suplemento cultural de la Ciudad de México en breve sección titulada Meditaciones, escrita en forma de poemas y, aunque el texto más reciente La química no es de la calidad esperada para este lector quien escribe, la voz poética de Alberto es única entre las voces polifónicas de los poetas y sus poemas, como puede uno constatarlo en su libro La hora y la neblina, reunión, según nos dice el propio poeta, de doce libros de poemas (1968-2004). La verdad, su voz tiene un espacio dentro del universo poético, aunque hay otras voces de mayor presencia. Veo en él una voz más notable como ensayista de poesía. 

*

Dentro de esta colección de lecturas recientes y azarosas, hay dos novelas más, aunadas a la ya mencionada al principio de ésta síntesis, se trata de Parménides de Cesar Aira y la del escritor David Grossman: La vida juega conmigo. Uno esperaría que en la novela de Aira el argumento de la historia girara alrededor de Parménides como personaje principal, pues el título de la brevedad literaria del escritor argentino lleva por nombre, nada más y nada menos que el del gran pensador de la filosofía presocrática y su visión del mundo, explicada ontológicamente en el no movimiento; antítesis de Heráclito, otro enorme pensador de hace más de 1000 años de filosofía en Occidente. Pero no. O, a medias, ya que el personaje principal de nombre Perinola, poeta por cierto, puede bien representar el alter ego del autor del poema del ser, me refiero al conocido poema de Parménides; aunque a la vez, su antítesis. Lo digo por la visión de Perinola, cuando nos dice que “la poesía es a la vez algo y nada” o, bien esto: “La vida no siempre [obedece] a la lógica” o, esto otro parafraseándolo con respecto a la escritura: “[Basta hacer la nada con la punta del dedo para que brote] el todo”. No recuerdo bien si la lectura hecha de sus dos novelas anteriores, Cómo me hice monja y El pequeño monje budista tienen un final inesperado como en Parménides, porque el de ésta sitúa al lector en una quietud, para concluir y confirmar después lo que tiene de irónico la vida; como también se puede leer y se escuchar en voz de Guili al final de la novela La vida juega conmigo, de David Grossman. Novelas e historias literarias como esta escrita por el escritor israelí, cuyo estilo en el lenguaje sensibiliza los oídos de sus lectores, como queda demostrado también en La vida entera y El cabaret, por lo menos. 

*

Finalmente concluyo (también azarosamente), para hablar de tres libros de ensayos, dentro de lo cual está su común denominador, como el tema abordado: la muerte, especialmente en Recordando a los difuntos del escritor Arnoldo Kraus; en Pensar la muerte del filósofo francés Vladimir Jankélévitch, y en Más allá del cuerpo de Francisco González Crussí, quien trata el tema, específicamente en el capítulo IV. Comencé a leer a Arnoldo Kraus en medios periodísticos hace ya buen tiempo y lo sigo haciendo, aunque ahora de manera más selectiva, especialmente cuando escribe sobre temas filosóficos, éticos, de miradas muy humanísticas; porque cuando se distrae en escribir acerca de su visión política y la de los políticos, no queda muy bien parado. Estos escritos se alimentan generalmente de la ligereza. Claro, esto no ha impedido en seguir leyendo al escritor que es, como por ejemplo en Recordar a los difuntos o Helen (su madre) ante la antesala de la muerte o, bien <<palabra, lenguaje que humaniza, que revelan fragmentos del alma, la de Helen>>. 


*

Hay unos versos de un poema en proceso de ser considerado como tal que, comparto para los futuros lectores: < <Molestia en las cienes/ Dificultad en respirar el viento, por ejemplo, es de pensarlo/ Pero, ¿la muerte se piensa; se vive? Muestro esto porque ello me estimuló en adquirir más tarde el libro de Vladimir Jankélévitch, Pensar la muerte; aunado al contexto del libro de Arnoldo Kraus.

El libro de Jankélévitch es un texto de entrevistas (publicado posterior a La muerte), cuyo prólogo nos dice “suscitó expresarse largamente sobre las motivaciones profundas de su interrogación: ¿Se puede pensar la muerte? Respuestas que conllevan a hablar, a pensar sobre el tiempo y la vida. “La muerte, nos dice Jankélévitch, el sinsentido que da sinsentido a la vida [en el tiempo]”.

*

Por último la muerte e íntima relación con el cuerpo, como nos muestra la retórica elegante, artística y cognitiva de Francisco González Crussí en su libro Más allá del cuerpo (capítulo IV), estructurado en cuatro secciones, entre ellas “la faz visible de la muerte” o, parafraseando al vuelo:


Más allá no sé

La metaempiria

lo inefable

el misterio.


LA TEZ DE LA MUERTE

La mirada en el horizonte 

de quien espera el fin.

Desvelar el mysterium trementum. 

 O, bien:

El rostro de una muerte trivial y su polvareda que somos…



miércoles, 31 de marzo de 2021

La metacognición en la novela Moby Dick*


Toda lectura literaria es una estrategia metacognitiva para estimular, desarrollar y a prender a pensar el conocimiento de manera creativa, interpretativa y crítica de la realidad que ofrece la literariedad del texto, desde el momento (como se mencionó líneas arriba), de la interacción entre el lector y el texto a través de una comunicación literaria que le permiten comprender-explicar-comprender su realidad fuera del texto de manera más humana que la ofrecida  digitalmente. Está en el aprendizaje del conocimiento de la vida, en el conocimiento que nos aporta ser en el mundo que nos permite darnos cuenta de ello; ser consciente de este aprendizaje y, en base a ello y sus alternativas, dinamizar de manera creativa nuestra comprensión y valoración de nuestra realidad. La lectura de la novela Moby Dick como

aprendizaje que permite en el lector desarrollar el pensamiento interpretativo y crítico, creativamente. Está en la selección de algunos capítulos de la novela leídos y vueltos a leer, como el 107 y 108, titulados “El carpintero” y “Ahab y el carpintero” respectivamente, porque en medio de la oscuridad, del vacío, de la miseria, del infierno; del largo viaje hacia el gran agujero negro marítimo; el carácter y la personalidad  espontánea de la vitalidad, la fuerza de la inquietud del envidiado y maravilloso carpintero que sólo tiene respuestas creativas dadas al capitán Ahab  y a la embarcación. O, el capítulo 132 que lleva por nombre “la sinfonía”, cuya selección y elección ha sido la mejor para este lector quien escribe, porque permite comprender el verdadero rostro humano del heroe. Verdadera joya metacognitiva para el que lee, debido al acercamiento hacia el modelo de invención humana encarnada en el personaje principal, parecido a los heroes shekespearianos o homericos: la música de la nostalgia terrenal; la voz del infierno, paradogicamente libertad del capitán.

Está a lo largo de las ochocientas sesenta y tres páginas, subrayando de manera inducida, estimulada y provocada por las experiencias lectoras que el lector se ha hecho acompañar a lo largo de sus senderos literarios; los míos, los subrayados, guiado por las lecturas de temas filosóficos presentes en el discurso narrativo de la ballena blanca: el hombre contra el hombre, su mortalidad, la oscuridad, el vacío, la miseria humana, la espontaneidad de la vitalidad, la fuerza de la inquietud, reitero; como el asomo de la esperanza. Porque nuestra leída, nuestro aprendizaje metacognitivo es: Moby Dick, novela de personajes vitalistas. Atraídos ciertamente, de principio a fin de la historia por la ballena hacia las profundidades del mar; pero ante la esperanza de que alguien nos contara.

Está, por supuesto, en ir seleccionando palabras importantes junto a sus significados que en la novela es un buen glosario de términos marítimos: la proa, la popa, el estribor, la sobrequilla, sotavento, la quilla, apostilla, cetología, barlovento, alcázar, cofa, estera, estacha, frenólogo, affidávit, la destilería, por mencionar algunos.

Está en ir anotando al margen de la hoja de los subrayados, planteando preguntas que nos vayan aclarando, reflexionando, explicando y evaluando con nuestras propias palabras la postura de un lector conscientemente de la realidad literaria, para más tarde moverse libremente sobre la realidad digital, porque ha adquirido el control de su aprendizaje:

…

Cap. 18. Su señal

Cuadro de texto: Una inferencia para interpretar al hombre contra el hombre.…Los arponeros piadosos nunca son buenos navegantes: les da escrúpulos; y un buen arponero no vale un pimiento si no es como un tiburón…, p.161

 

 

Cap. 25. Apostilla

Cuadro de texto: La mortalidad del ser humano… En verdad, un hombre maduro que utilice aceite para el pelo, a menos que sea de manera medicinal, tal hombre, probablemente, tenga un punto débil en algún sitio. Y, por regla general, no puede valer mucho en su totalidad… , p. 193.

Cap. 26. Caballeros y escuderos

Cuadro de texto: En torno al heroe.… Con esto, parecía querer decir no solamente que el más fiable y útil de los corajes era el que surge desde la justa estimación del peligro encontrado, sino que un hombre sin nigún miedo era un compañero mucho más peligroso que un cobarde… , p. 196.

Cuadro de texto: Starbuck, como antítesis del capitán Ahab… Starbuck no era un cruzado en busca de peligros; el coraje en él no era un sentimiento, sino una cosa simplemente útil y siempre a mano en todas las ocasiones prácticas de los mortales. Aparte de eso, pensaba quizá que en este asunto de la caza de la ballena el coraje era una de las más grandes provisiones que se podían llevar a bordo, como los filetes y el pan, y que no debía ser tontamente derrochado…

… Porque Starburck pensaba: <<Estoy aquí, en este océano crítico, matando ballenas para ganarme el sustento, y no para que me maten ellas y se ganen el suyo>>…, p. 197.

Cap. 27 Caballeros y escuderos

Cuadro de texto: ¿Racismo? ¿Sustentado por el darwinismo?Lo mismo, digo, porque en todos estos casos los nativos americanos proporcionan el cerebro y el resto del mundo suministra los músculos con la misma generosidad…, p. 205.

Cap. 29 Aparece Ahab; después, Stubb

Cuadro de texto: Pero esto no es el caso del capitán Ahab… La ancianidad está siempre desvelada; como sí, cuanto más tiempo estuviese ligado a la vida, menos quisiera el hombre tener que ver con nada que se parezca a la muerte…, p. 212.

Cap. 32 Cetología

Es esta una tarea lenta y pesada; no puede compararse con la de un clasificador corriente de cartas de cualquier oficina de correos. Buscar a tientas en el fondo del mar, meter la mano entre los indescriptibles fundamentos, costillas y mismísimas entrañas del mundo; esto es algo aterrador. ¿ Quién soy yo para intentar enganchar el hocico de este leviatán? Las terribles burlas del libro de Job bien podrían aterrorizarme. <<¿Hará él (el leviatán) un pacto con voz? ¡He aquí que la esperanza es vana!>> Sin embargo, he nadado por las bibliotecas y navegado a través de los océanos; he tenido que vérmelas con ballenas, con estas manos palpables; lo digo en serio y lo probaré. Pero antes hay algunos preliminares que determinar. [Quién habla y a quién se refiere el hablante], p. 225.

… mi definición de la ballena; es decir: pez que lanza un chorro y tiene la cola horizontal…, p. 237.

Cuadro de texto: Descripción de una marsopa, tipo ballena… Llenas de buen humor, llegan invariablemente desde las ventosas olas de barlovento. Siempre viven viento en popa. Se las considera como un buen presagio. Si no sois capaces, que el cielo os ayude entonces: el santo espíritu del juego y la alegría no está dentro de vosotros…, p. 238 [Leer de nuevo toda la página].

Cap. 36 El alcázar (Entra Ahab; después, todos)

Cuadro de texto: Para reconocerse, reconocerme será, es necesario, cazar a la ballena… Todos los objetos visibles, hombre, no son más que máscaras de cartón de piedra. Sin embargo, en cada hecho, en el acto de vivir, en el indudable acto, una cosa desconocida,  pero que razona, muestra sus rasgos tras la irracional máscara. ¡Para llegar al hombre,  hay que derribar la máscara! ¿Cómo puede el prisionero alcanzar el exterior si no es abriéndose paso a través del muro? Para mí, la gran ballena es aquel muro, puesto delante de mí. Agunas veces pienso que no hay nada detrás. Pero es suficiente…

… Hay hombres cuyas palabras acaloradas son pequeñas indignidades…, p. 269.

Cap. 37 Atardecer

Dejo esta estela blanca y turbia, de aguas pálidas y mejillas aún más palidas, por donde navego. Las envidiosas olas, a los lados se hinchan para destruir mi huella; dejadlas, primero paso yo…, p. 274.

Cuadro de texto: ¡Vitalidad! ¿Está decidido Ahab en derribar el muro que representa la ballena?… El sendero que me conduce a mi propósito fijo tiene raíles de hierro, en donde mi alma está lista para correr. Sobre los inseguros desfiladeros, a través de los estriados corazones de las montañas, bajo cauces torrentosos, me precipito infaliblemente. ¡Nada es un obstáculo! ¿No hay sesgos para el camino de hierro! (Ahab), p. 276.

Cap. 39 Primera guardia nocturna

(Cofa del trinquete; Stubb, solo, arreglando una braza.)

Cuadro de texto: Vitalidad y esperanza… Porque una risa es la respuesta más sabia, más fácil para todo lo que resulta extraño, y, pase lo que pase, siempre hay un consuelo…, p. 279.

Cap. 41 Moby Dick

… pues la inmortalidad no es sino ubicuidad en el tiempo…

Cuadro de texto: Rasgos del capitán Ahab … La locura humana es, a menudo, la más astuta y felina de las cosas. Cuando creéis que ha huido, no ha hecho más que transfigurarse en alguna forma aún más sutil y callada…, p. 298-299.

Cuadro de texto: Caracterización; el mar profundo… Esto ya era mucho; sin embargo, la parte más grande, oscura y profunda de Ahab permanecía sin insinuarse. Pero es inútil popularizar profundidades, y toda verdad es profunda…, p. 299.

    Cap.42 La blancura de la ballena

… No así el marinero, al observar el escenario de los mares antárticos, donde, a veces, por algún truco infernal de pretidigitación en los poderes del hielo y del aire, tiritando y medio naufragando, en vez del arco iris que le habla de esperanza y consuelo, ve para su miseria lo que parece un ilimitado cementerio sonriéndole abiertamente con sus inclinados monumentos de hielo y sus cruces astilladas…, p. 313.

… Aunque en muchos de sus aspectos este mundo visible parece formado en el amor, las esferas invisibles se formaron en el terror…, p. 314.

Cap. 44 La carta de navegación

… ¡Ah, Dios, qué traces tormentosos tiene que soportar un hombre consumido por un deseo no logrado de venganza! …, p. 323.

Cuadro de texto: La oscuridad profunda… Ahab se precipitaba fuera de la cabina, era en ese momento algo vacío, un ser sonámbulo y sin forma, un rayo de luz viviente, ciertamente, pero sin un bojeto al que poder colorear, y por eso, algo vacío en sí mismo. Dios os asista, anciano; vuestros pensamientos han creado una criatura  en vos, y aquel a quien su pensar intenso hace de él un Prometeo, de su corazón un buitre se alimentará para siempre; y ese buitre es la misma criatura que él crea…, p. 324.

Cap. 46. Conjeturas

Cuadro de texto: El hombre como miseria… En momentos de fuerte emoción, la humanidad desprecia todas las consideraciones básicas; pero tales momentos son evanescentes. <<La condición constitucional y permanente del  hombre, tal como está hecho —pensaba Ahab—, es la sordidez…, p. 339.

Cuadro de texto: La espontaneidad de la vitalidad. La fuerza de la inquietud. ¿El arte del insomnio?Cap. 107 El carpintero (maravilla de personaje)

 

 

 

 

Cap. 116 La ballena agonizante

Cuadro de texto: El asomo siempre de la esperanzaNo pocas veces en esta vida, estando en el lado correcto, los preferidos de la fortuna navegan cerca de nosotros, y nosotros, que antes habíamos estado desfallecientes, recibimos de algún modo un poco de brisa rápida y sentimos gozosamente que se llenan nuestras deshindadas velas…, p.750. [No toda la suerte está hechada].

Cuadro de texto: Del infierno, su libertadCap. 132 La sinfonía (Leer de nuevo) PP

La música de la nostalgia: Entre las voces de la vida terrenal y la elección por la obseción de la voz de la muerte.

 

La novela Moby Dick de Herman Melville fue escrita y publicada por vez primera en los inicios de la década de los 50’s del siglo XIX. ‘Para lograr su propósito [nos dice Mary Carmen Sánchez Ambriz en su artículo, La cabeza de Moby Dick] se nutrió de diversas fuentes que van desde la Biblia, las teorías de Darwin —muy en boga en aquel tiempo—, la filosofía greco-latina, el Leviatán de Hobbes, los Viajes del capitán Cook, los Ensayos de Montaigne, el Paraíso perdido de Milton, además de tratados naturalistas sobre las comunidades pequeñas de Nantucket, ubicada en la costa de Massachusetts. El libro es, en realidad, el resultado de un titánico rapto de inspiración —lo escribió de un tirón entre el invierno de 1850 y la primavera de 1851— que lo llevaría a exclamar: “Denme una pluma de cóndor y el cráter del Vesubio como tintero”.

Nantucket es una isla considerada la capital norteamericana de los balleneros, un extraño rincón del mundo y de los sueños. Sus antiguos habitantes escuchaban el paso de las ballenas como algo cotidiano. Un codo de arena, sólo playa, una loma; lejos de la tierra, separada del mar: un paso, un suspiro. Eso es Nantucket. Polvo y arena. “Polvo eres y en polvo te convertirás”. Desde un mapa, Nantucket se puede ver como si fuera la cabeza de una ballena. En el muelle, en una línea apenas dibujada, zarpan los barcos en pos de su enorme presa. Allí se preparaba a los catchers para que surcaran los mares, eran pequeñas embarcaciones que aguardaban lo insólito: clavar un arpón en el lomo de una ballena y ser arrastrados por el animal mítico, mitad cachalote mitad isla´.

Libro no muy bien recibido por la crítica de aquélla época concebida y estimulada, sobre todo, por impulsos emotivos e impresionistas movidos al calor de la temperatura que sus estados de ánimos les daba por escribir, como lo muestra la “Brevísima antología de excentricidades melvillianas” seleccionadas por el Reverendo Doctor Cottonmouth-Luther. Pero el tiempo ha acallado estas voces. Sin embargo en la actualización de la lectura de esta novela, en pleno siglo XXI, el eco de éstas se escuchan a lo lejos del horizonte marítimo con nuevos problemas sociales que están presentes fuera del texto: el medio ambiente del ecosistema, la extinción del mundo acuático formado, verbi gracia, por las ballenas y, la discriminación racial manifestada en cierto momento dentro de la historia marítima y su hábitat, por mencionar solamente dos muy visibles al leer la novela. Problemas en los cuales no hay ninguna intención en detenerse, de nuestra parte. La lectura tiene otros fines, aunque breves, que se han venido desarrollando en este escrito. Cuestiones en las que se ha detenido uno de los críticos de mayor presencia en el siglo XX y lo que va de éste, el profesor neoyorkino, Harold Bloom y su relectura de la novela por más de sesenta años que avalan la solidez de sus comentarios de crítico. Sinteticemos:

“Leer bien Moby Dick es una empresa vasta, según corresponde a uno de los pocos aspirantes autétnticos a convertirse en épica nacional estadounidense. Pero como el protagonista de la novela es el capitán Ahab, me limitaré a repasar ciertos problemas de lectura que presenta él.. Figura nítidamente shesperiana, con tantas afinidades con el rey Lear como con Macbeth, en el sentido técnico Ahab es (como Macbeth) un malvado héroe. […].

Moby Dick es el paradigma novelístico de lo sublime para los estadounidenses: un logro fuera de lo común, no importa que sea en la cumbre o el abismo. Pese a la considerable deuda que tiene con Shekespeare, es una obra inusualmente original, mezcla nacional estadounidense del Libro de Jonás y el libro de Job. Ambos textos biblicos son citados por Melville […]

Melville no era cristiano, y tendía a identificarse con la antigua herejía gnóstica, en la cual el Dios creador es un torpe impostor, mientras que el Dios verdadero, llamado el extraño o el Ajeno, está exiliado en algún lugar de las regiones exteriores del cosmos […]” (257-260).

Una lectura ciertamente breve (brevísima al seleccionar aquí algunos fragmentos), para hablar solamente de ciertos pasajes sobre el capitán Ahab, nos dice el que fuera uno de los más influyentes de la crítica literaria. Libro de un extraordinario aliento narrativo, nos sentencia canonicamente, Harold Bloom.

La narración de la novela es la historia de unos marineros fuera de serie en voz de Ismael que, muestra el rostro del ser humano: La vitalidad, la esperanza; pero también la oscuridad, la desesperanza de la humanidad. La historia del capitán Ahab, Starbuck, Stubb, Flash, de Ismael, de Herman Melville; en fin, de una serie de personajes que postulan al lector la posibilidad de qué va la vida en la cual navegamos todos los días.

Una novela que nos permite conocer y reconocernos a través de la embarcación Pequod, las profundidades del mar, la ballena Moby Dick, como algunos elementos importantes para ello. La historia de una embarcación que puede ser la nuestra, nos ofrece la oportunidad de plantearnos preguntas tracedentales como: ¿Es la vitalidad y la esperanza o, es la vitalidad de la desesperanza quien nos define?, ¿es la espontaneidad de la vitalidad. La fuerza de la inquietud. El arte del insomnio?

Ante el hábitat de la oscuridad, nos recuerda el capitán Ahab, está el asomo de la esperanza. En fin, una historia excelente que hay que leer.

Conclusión

Es poco común en el ámbito académico y objeto de estudio poco tratado dentro de la comunidad científica literaria, el tema de la metacongnición como una de las líneas de la investigación a seguir; sin embargo en la práctica misma, su aprendizaje es crucial para el resultado de sus acometidos investigativos, según se ha mostrado brevemente en este ensayo, a través de la lectura de la novela Moby Dick, de Herman Melville, dentro de las posibilidades polifónicas que permite su viaje literario metacognitivo. Tal vez ello ha tenido su origen a partir del debate que ha existido, por lo menos, los últimos cuarenta años a la fecha entre los que establecen que la literatura no se enseña y aquellos que se manifiestan por la enseñanza aprendizaje de ella, por medio de la lectura y sus diversas estrategias metacognitivas que nos guían a comprender-explicar-críticar la realidad del texto. A desarrollar el pensamiento interpretativo y crìtico creativamente de la realidad digital encontrada fuera del texto.

 

Bibliografía

Bloom, Harold. Cómo leer y por qué. Traducido por  Marcelo Cohen, Anagrama, 2002.

Cottonmouth-Luther. Brevísima antología de excentricidades melvillianas, en https://cultura.nexos.com.mx/?p=18407/01/08/2019.

Eco, Umberto. Sobre literatura. Traducido por Helena Lozano Miralles, Oceano, 2002.

Jaramillo, L. & Simbaña, V. La metacognición y su aplicación en herramientas virtuales desde la práctica docente. Sophia: colección de filosofía de la educación, 16 (1), 2014, pp. 299-313.

Melville, Herman. Moby Dick. Traducido por Maylee Yábar Dávila y José Luis García, Alianza Editorial, 2008.

Sánchez Ambriz, Mary Carmen. La cabeza de Moby Dick, en https://cultura.nexos.com.mx/?p=11275//28/09/2016.

Vital, Alberto. Conjeturas verosímiles, UNAM, 1996.




* (El texto es un fragmento del ensayo titulado  Moby Dick como metacognición del pensamiento creativo, interpretativo y crítico, como un ejercicio creado dentro del Seminario de Investigación literaria, impartido por el Colegio de San Luis, a través de la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Tabasco, durante el SARS-CoV-2, en el 2020.)

 

martes, 16 de febrero de 2021

Propuesta de lectura de un fragmento de Esquemas para una oda tropical*

 

Sin duda que este poema es uno de los más largos que escribió Pellicer, el más
concebido y ambicionado que dio luz después de más de cuarenta años de lenta maduración. El poema es un canto místico y mítico, aquí, el cuatro parece ser un número bajo el cual se nutre este esquema, por lo menos en el inicio de los primeros versos analizados: cuatro voces, cuatro puntos cardinales; juventud y madurez, vida y muerte.

El título del texto, como de entrada, nos dice que es un canto:

<<Oda, es la denominación que los griegos, en la antigüedad clásica, denominaron a todo poema dividido en estrofas y destinado al canto. Lo más frecuente era ser cantado para celebrar los atributos de un dios. Etimológicamente, oda significa canto griego y, técnicamente se trata de una poesía lírica>> (Gordon, 1987, 14).

Y, por referencia a su obra poética, casi en su totalidad, podemos pensar que es un canto prehispánico en las voces de los cuatro elementos de la naturaleza: el fuego, el viento, la tierra y el agua. Por su parte, el vocablo tropical puede ubicarnos en el espacio y en el tiempo, que en este caso es la selva.

Reitero, es el canto de la selva, de la naturaleza al que nos invita el poema.

La oda tropical a cuatro voces

ha de llegar sentada en la mecida

que amarró la guirnalda de la orquídea.

Efectivamente, esta estrofa nos anuncia el gran concierto del trópico en las voces de la naturaleza que han de llegar a sentarse para ser coronadas, y sustentadas por las flores como son la guirnalda y orquídea. Cuando todo parece teñirse de gris en alboradas y tardes que ya no se distinguen en estos tiempos; la voz del viento, la tierra, el agua y el fuego, se ven anunciándonos el inicio de un gran concierto de lo que está bajo amenaza de exterminio. El canto, en un tiempo futurista, vendrá del cielo y la tierra para unir su poder musical al canto del corazón del ser humano que de sentido a su existencia, a su raíz; que lo haga sensible a la vida.

Vendrá del Sur, del Este y del Oeste,

del Norte avión, del Centro que culmina

la pirámide trunca de mi vida.

Aquí el hablante lírico nos postula que no todo está perdido, aún en la pirámide que nos hemos construido con base en la tecnología, en la cibernética, en la futurología representada por la inteligencia artificial; en una ética mercantilista, consumista; sino que es en el poder de la naturaleza donde podemos reorientar el camino y lograr la libertad encadenada por la soledad a que nos ha arrojado el dichoso tener.

Yo quiero arder mis pies en los braseros

de la angustia más sola,

para salir desnudo hacia el poema

con las sandalias de aire que otros poros

inocentes le den.

Por ello, Pellicer lírico, nos narra en esta estrofa que en medio de la fronda natural, hay un deseo humano de libertad resplandeciente, feliz, con más bienes que la naturaleza de su canto y, extendiendo sus manos al hombre para rescatarlo y darle a beber de ella. Con los pies calzados por la hierba, las flores, el verdor del trópico.

Oportuno es mencionar que, la anterior estrofa bien podría ser utilizada por cualquier profesor que enseñe literatura para reflexionar junto con los alumnos, de cuáles han sido los efectos de la separación del ser humano de la naturaleza y cuáles serían los beneficios regresar al reino de ella. Aunado a esto, la anterior estrofa nos llevaría a discutir y reflexionar junto con los alumnos en torno a la libertad; cómo se manifiesta ésta en estos tiempos; cómo viven, cómo sienten los alumnos el acto de la libertad; qué es para ellos la libertad.

A la cintura tórrida del día

han de correr los jóvenes aceites

de las noches de luna del pantano.

En este terceto, se cuenta el murmullo joven del sudor del cielo sobre la tierra ardiente nocturna y pantanosa; es el mediodía, el carácter de la selva, la juventud del día para el cual no hay ningún obstáculo. Pero, claro, el hombre en estos tiempos ha olvidado que se está degradando en darle sentido a su modus vivendi en la superficialidad. Es en el canto de lo tropical, la música de la vida que lo mueve todo y, no en el chirriar o el claxon de los automóviles, el reposo de una estatua esculpida todos los días por la televisión, por el ciberespacio.

La esbeltez de ese día

será la fuga de la danza en ella,

la voluntad medida en el instante

del reposo estatuario,

el agua de la sed

rota en el cántaro.

Aquí es el canto del sur, de la tierra que da de tomar al sediento con su agua más cristalina, el agua que ha sido contaminada por la tecnología o por el mal uso que se le ha dado.

Entonces yo podría

tolerar la epidermis

de la vida espiral de la palmera,

valerme de su sombra que los aires mutilan,

ser fiel a su belleza

sin pedestal, erecta en ella misma,

sola tan sola que todos los árboles

la miran noche y día.

Así mi voz al centro de las cuatro

voces fundamentales

tendría sobre sus hombros

el peso de las aves del paraíso.

La palabra Oceanía

se podría bañar en buches de oro

y en la espuma flotante que se quiebra,

oírse, espuma a espuma, gigantesca.

Pero, si a pesar de todo hubiera cualquier inconveniente en este gran concierto tropical a que nos invita el texto, sería la mínima gota de imperfección, si es que algo de imperfecto tiene la naturaleza. Digamos, por ejemplo, la piel de roca de la palmera, como parte de una pequeña dificultad. Por lo demás es fiel a su esbeltez compartida por todos los árboles. Así la voz del hablante lírico de este esquema postulado del verso 29 al verso 36 tendría el color, la frescura y los tonos de las aves del paraíso. El sonido de la palabra Oceanía en el cantor del norte se nutriría de la juventud del sol y, el vaivén del canto de las olas escucharse en toda la selva tropical. Qué más poder alimenticio, qué más búsqueda vigorosa que la fuerza de estos elementos; para qué el poder basado en las máquinas, la arrogancia ficticia de nuestra modernidad; para ser tan <<civilizados>>; bien tendríamos que construir una forma de civilización basada en la filosofía de lo que queda del trópico.

El hombre podrá transformar la naturaleza, ensuciarla con sus manos; pero a una flor jamás le quitará el sueño de seguir reinando con todo el poder que un hombre no tiene.

Esto nos sugiere hacer una representación teatral de la naturaleza, de la selva dentro del salón de clases, donde cada uno de los alumnos representaría, así como el mismo profesor, los personajes como la palmera, los árboles, las aves, el murmullo del océano, las olas, etcétera; y con ello sentir y vivir que en realidad somos parte de la naturaleza.

El deseo del viaje,

siempre deseo sería.

Del fruto verde a los frutos maduros

las distancias maduran en penumbras

que de pronto retoñan en todos los niños.

El canto del trópico es la frescura de la juventud que puede viajar hacia la madurez para retoñar con la frescura sabia de un niño crecido en el silencio de la sabiduría. Y, es que en la séptima estrofa, la imagen de sus cinco versos es el recorrido de la juventud hacia la madurez, sin envejecer como envejecen las grandes urbes, que hacen todo lo posible para que el recorrido sea menos doloroso y, que sin embargo es más intenso; utilizando o haciendo uso del poder <<poder de la ciencia>>; ya sea a través de la química o a través de la bioingeniería. En la esteticidad de las palabras que es el trópico mismo, la imagen es una sola, aún con diferentes luces: juventud y madurez: Fuera de esto, en la urbanidad de nuestras ciudades, diferentes imágenes, dualidad para retoñar envejeciendo por el ego civilizado de sus habitantes.

En la ciudad entre fuerzas de automóviles

huele un poco de vidrios a guanábana.

Es la bolsa del semen de los trópicos

que huele azul en carnes madrugadas

en el encanto lóbrego del bosque.

La tortuga terrestre

carga encima un gran trozo

que cayó cuando el sol se hacía lenguas.

Y así huele a guanábana

de los helechos a la ceiba.

Aunado a esto, qué tan sensatos o prudentes somos hoy, y en mayor cuantía los que tienen todo el poder económico, como la sensatez (postulada en la VIII estrofa) de la madurez de las guanábanas que impregnan hasta los vidrios de los automóviles de las naciones que tienen prisa en llegar y no llegan a ningún lado. Hay que aprender de la lentitud sabia de la tortuga, que nos describe poéticamente Pellicer, alcanzada también por el semen de la guanábana que explota en todo el trópico.

En suma, y sobre todo, una magnifica invitación a regresar a la naturaleza, una invitación al renacimiento en medio del avasallador crecimiento de la tecnología desacralizadora del mundo.

Concluyo, aún, cuando el análisis de estos esquemas para una oda tropical es apenas sobre cincuentaiún versos de los quinientos veinte, podemos, aunque muy temprano, sugerir algunas estrategias de lectura a las ya mencionadas con anterioridad. Como el poema es un canto y en él se escucha a un hablante lírico como cantor principal, como director de orquesta de las cuatro voces tropicales, lo primero sería leer el texto, valga la redundancia, a cuatro voces, organizando una gran orquesta de alumnos. Leer el poema, por ejemplo en ranchero, en rap o en pop; logrando con ello una dinámica actualizada del poema y, agudizar el oído de los alumnos por la musicalidad que contiene la poesía, además de hacer atractivo el texto. En esta multiplicidad de voces, pasar al uso del diccionario para explicarse el significado de cada una de las notas musicales, que en este caso serían los vocablos del trópico. Los que llamen la atención al estudiante, de acuerdo a su competencia lingüística. Plantear en el salón de clases un diálogo en torno a la juventud y la madurez, la vida y la muerte bajo la primicia de la divergencia: naturaleza versus tecnología: Qué se entiende por juventud, qué por madurez, cómo entienden los alumnos la transición de la una a la otra desde la perspectiva de la naturaleza que postula Pellicer y, cómo desde el punto de vista de la era de la tecnología; así, la misma discusión acerca de la vida y la muerte.

A través de este poema se puede actualizar su temática para dar pie a una reflexión acerca de ello que hoy es propio de los jóvenes, pero bajo la óptica heredera de la informática. En la realidad actual del estudiante, el texto puede ganar interés, leído desde la mirada de la problemática que representa a fines y, viéndole la cara tiznada al siglo XX, el medio ambiente en que vivimos, al cual le hemos desgastado el corazón.

Bibliografía

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Dietrich, Rall. (1993). En busca del texto. México: UNAM.

Eguinoa, Ana y Georgina Trigos. (1992). La comunicación literaria. Veracruz, México: Universidad Veracruzana.

Gordon, Samuel. (1987). Esquemas para una oda tropical. Tabasco, México: Gobierno del Estado de Tabasco.

Krauze, Ethel. (1992). Cómo acercarse a la poesía. México: Conaculta.

Suárez Caamal, Ramón Iván. (1991). Poesía en acción. México: Conaculta.

Mediz, Antonio. (1987). El libro de Chilam Balam de Chumavel. Yucatán, México: Gobierno del estado Yucatán.

 

* Este texto apareció publicado por primera vez en el suplemento cultural Latitud Sur, que coordinaba el artista Rogelio Urrusti en 1998.